Yo he de ser tu Apolo
y tu boca conocedora del destino
han de conocer mi hombría gigante.
Es tu voz más profunda que de Cumas la sibila
y es tu cara más resplandeciente que de Helios los cabellos,
es tu pecho más grande que el Olimpo
y es tu vientre más cristalino que el espejo de Narciso.
Mi Hado sale de tu boca como mi virilidad recién satisfecha
y tus ojos se quedan en blanco
mientras Eros vuela, gordo, a lo lejos.
jueves, 25 de marzo de 2010
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