A mi gran maestro Crates, aunque sé que esto le tiene sin cuidado.

Maestro, me disculpo por fornicar con Hiparquia, me sentí como un perro y lo hicimos como perros, aún así, no pudimos copular pegados.
Me disculpo contigo y con Hiparquia, a tí por joderte y a ella por no besarle el culo.
Tu fiel discípulo,
Aristeo

jueves, 25 de marzo de 2010

Diatriba a los filósofos de madres putas

Bien sé, por lo dioses sempiternos, que los filósofos son perversos: que gustan de fornicar en las imberbes carnes, en las maduras tetas, en los decrépitos cuerpos y hasta en seres momificados (hay quien dice que su perversión es tanta que copulan con cisnes, cuervos, ratas, cabras y perros). Hay quien cuenta que gustan del trasero de las vacas, que buscan a Ió bramando como toro, que desean el cuello del cisne y el pito del sátiro, que chupan todo lo que aparenta ser la virilidad masculina como el palo de un barco o el cuerno del minotauro; sé además que todos desean ser penetrados por Sócrates y que en lugar de cicuta tragan semen hasta el suicidio orgásmico. Al simposio van sólo para pegarse uno tras otro mientras hablan de epistemología, lógica y aritmética. Ergo, Los filósofos son más puercos que los puercos y deben ser expulsados de la república.

A las flatulencias de Metrocles

Suenan cual martillo de Hefestos
chillan cual Ganímedes violado
braman cual Europa montada
truenan cual de Zeus el rayo
suenan, chillan, braman, truenan,
y del culo te salen tantos
como Aqueos del equino troyano.

sábado, 20 de marzo de 2010

Epístola a Néfele, esclava de Píndaro

El desdichado Aristeo te escribe, cara descendiente de Tracia, marcada a hierro por nefastos mercaderes de Siria, luna de mi noche oscura, tejedora de la desconocida profecía de mi Hado, semejante a Atropos puedes tú cortarme el hilo de mi vida sucia y misteriosa: ovillo revuelto de calamidad y borrasca. Un Hefestos soy de la basura, y tú que de la espuma del Egeo, semejante a Afrodita, naciste para acostarte con el Píndaro maldito y de verga chica, similar a Ares que me hizo la guerra por tenerte como esclava, pero yo he de tenderle la trampa de la muerte traidora. Y tú vendrás a mí un día, el día más claro a mis ojos, el día más embriagante que el vino de Dionisio, y tú serás mía sin que yo pague un solo dracma, pues no hay moneda ateniense, ni tesoro más grande que el de Agamenon el atrida que valga una mirada tuya, no hay una sola diosa más bella que tú (ni las que salen del mar ni las que andan vírgenes por los montes), e igual que a Helena he de raptarte, y escaparé cobardemente como Paris porque soy espantadizo y débil, pero tú vendrás a mí y darás un beso a mi boca y yo sentiré tu caliente lengua, me darás otro beso y yo sentiré tus suaves pechos, me darás otro beso más y mis piernas separarán tus piernas, me darás un beso más y mi carne entrará en la tuya, por último yo te daré un beso tibio para que tu grito se meta en mi boca, y finalmente ya no habrá besos para que yo descanse de tu cuerpo, mientras cierro mis ojos preparado ya para morir cualquier día, porque conocerte a ti, Néfele bienamada, es lo único que le falta a Aristeo para encontrar la felicidad del mundo.

Poema a mí mismo

Yo soy Aristeo, discípulo de Crates el tebano
y no me baño y no corto mis pelos ni mis uñas
y no mato mis piojos ni mis pulgas
y no trabajo porque la limosna es más pura que el esclavismo.
Yo soy Aristeo, hijo de Polidoro de Corinto
y no lavo mi boca para decir la verdad más puerca
y no lavo mis dientes para morder el polvo sucio.
Yo soy Aristeo de Tebas
tengo hemorroides de fuego en el culo
y estoy enamorado de una esclava que me desprecia.

Mi alma es un establo

Ni Heracles puede limpiar mi basura
yo cago más que los rebaños de Augias;
no hay cause de río capaz de limpiar mi alma.

Poema a la basura

Yo acumulo todo:
desde mis calzones viejos
hasta el pergamino con que me limpio el culo;
no hay por qué tirar algo
salvo los pedos al viento;
hay que guardar la basura en la panza de uno,
hay que comer basura para no desperdiciar nada,
hay que dormir en la basura para soñar la caca de Cerbero.
¡Oh infame inmundicia!
Espejo perfecto de mi profundidad insana.

Razón clara y suficiente para no bañarse

Al teatro encaminé mis pasos torpes
y mi hedor dejó una estela
porque quise ver cómo Edipo
suciamente penetró a Yocasta;
quise ver, y por eso fui al teatro,
cómo aulló Layo cuando vio la profecia cumplida,
pero todos tenían máscara y no les vi la cara;
los hombres son más sucios de lo que creen,
por eso yo no me baño.

Poema al limosnero Homero

¡Qué los dioses te sean propicios!
Homero
de nombre profundo
de noche profunda
de voz profunda
de profundidad profunda
como tu canto...
Viejo ciego
rapsoda eterno
y limosnero
como yo
que no tengo otra cosa que hacer
sino estar tirado con la cara al sol.

Poema de odio a Píndaro

Que te coja Zeus transformado en toro,
Píndaro, tocador de la cítara de oro;
que como a Sémele te mate con su venida de trueno
que bañe tu tumba con semen de rocío,
Píndaro maldito,
y que tus instestinos procreen una aberración acorde a tu tamaño
y que te abra el culo para sacarte el hijo:
cuerpo de toro y pito de Pindarito
porque a él heredarás tu miembro tan chiquito
y será tan torpe que jamás podrá custodiar un laberinto.

Entendiendo a Diógenes

Al simposio de Asclepio no fuí invitado
¡Mierda para todos los filósofos del mundo!
¡Qué el cerdo los empache y eructen todo el día!
¡Qué las Harpías escupan sus jetas!
¡Qué Circe los tranforme en puercos!
¡Qué las Parcas corten sus pitos!
¡Qué se mueran sin tumba!
¡Qué sean presas de los perros y las aves de rapiña!
Ahora comprendo por qué es mejor andar entre la mierda:
por eso Diógenes fue el maestro de mi maestro!